Cuando era (más) niño me diagnosticaron esplenomegalia, es el crecimiento del bazo fuera de sus proporciones normales. Esto hizo que a los 21 me tenga que operar para sacármelo. La operación tardó (creo) 5 horas, fue difícil pero salió bien y por supuesto que fue así gracias a todo el personal del HUA, particularmente gracias a Gustavo Kusminsky. En el post operatorio la recuperación estuvo bien y nunca más tuve un problema al respecto, pero el punto de todo esto no es la esplenomegalia, ni la operación. Es el haber sentido que «estuvo cerca».
La operación, como tal, pudo haber sido esa o las miles de operaciones que suceden todos los días, difícil o no, pero en cualquiera de ellas (así como en cualquier momento de la vida) de pronto algo se complica y a alguien se le baja el telón en pleno acto.
El haber «estado cerca» me cambió un poco la percepción de algunas cosas, las prioridades, la manera de ver la vida. Me enseñó a no ver problemas donde no los hay. Me enseñó que cada momento es un regalo y no hay manera de saber si después de la anestesia hay otro mate, otro día, otro abrazo u otro viaje.
«Estuvo cerca».
En mi caso no terminó ahí, pero podría haberlo hecho. Podría no haber tenido otro mate, ni estudiar en la universidad, ni haber conocido personas que me cambiaron la vida y me enseñaron un montón, ni compartir más momentos con cada una de estas personas. Podría no haber bailado más ni haber hecho más música, ni cocinarle algo rico a quienes más quiero o caminar descalzo en un bosque. Podría no haber sentido más el frío y prender un fueguito o el calor y tirarme al mar. Podría no haber caminando nunca por Madrid ni haber nadado en Mallorca. No hubiese dado más abrazos como los que me gusta dar.
Pero pude hacer todo esto, y puedo hacerlo hoy tantas veces como quiera.
Una frase dice «No se valora lo que se tiene hasta que se pierde», no caigamos en esa. Aparte de ser un auto-recordatorio para el Gonza del futuro, ojalá le aporte un granito de arena a quien lea esto para valorar aún más la vida, los momentos, los abrazos, los mates, los viajes, los vínculos, las canciones que nos dedicamos, cada bocanada de aire. Valoremos y seamos concientes de la fortuna que es vivir todo eso, y por lo demás también.
Valoremos la vida hoy, porque cuando se corte la cuerda que mantiene el telón levantado va a ser demasiado tarde para valorarla.
