Cuando migramos de un lado a otro hay un proceso, un cambio del lugar habitado. Nos movemos así sea simplemente de un cuarto de una casa a otro cuarto, de una ciudad a otra o de un continente a otro.
El proceso tiene mucho trabajo exterior, lleva tiempo y esfuerzo, es agotador. Pero en este proceso también hay algo interno que es aún más fuerte y transformador, porque desarmar el lugar habitado en pos de armar algo diferente un lugar distinto implica más que sólo mover cosas de un lugar a otro.
Creo que cuando desarmamos nuestro lugar habitado estamos desarmando también parte de quienes somos. De quienes fuimos. Estamos desarmando una parte de nuestra historia, el lugar donde transcurrió parte de nuestra vida se ve ahora completamente desmantelado y al poco tiempo ya no lo reconocemos como propio.
Desarmamos momentos, desarmamos compañías, desarmamos lluvias con café y los libros que leímos ahí. Desarmamos los mates en la cama y las noches largas que los anteceden. Desarmamos también las lágrimas y los abrazos que las aplastan entre las prendas. Desarmamos las risas, los festejos, las reflexiones. Las reuniones, las bienvenidas y las partidas.
Desarmamos todas esas experiencias y sensaciones para que nuestra memoria haga con ellas lo que quiera o pueda, porque ya no va a tener ese lugar físico como referencia para reconstruir de una manera más fiel lo que sucedió, sino que le queda recurrir únicamente al recuerdo y la emoción que haya quedado asociada a ese momento.
Queda en nosotros volver a armar algo nuevo con todo lo que se desarmó. Con las piezas que ya no son parte de lo que fueron alguna vez pero que siguen funcionando como partes de nosotros, como parte de alguna otra cosa que construyamos a partir de ellas, pero en un nuevo lugar, en un nuevo momento y con un nuevo sentido.
Construir el lugar habitado es más que simplemente poner cosas en lugares. Personalmente creo que al construir las piezas que hagan de un lugar algo propio, de algún modo también hay parte de mí en esas piezas. En cada cosa que hago pongo un pedacito de quien fui y soy, de cada pieza que llevo en la mochila, así como también cada parte que se resignifica tiene en ella recuerdos transformados en algo nuevo.
Mudarse, en el sentido amplio del que hablo, es aprovechar la experiencia y los recuerdos para que la vida tome una forma distinta a la que tenía.
Tenia pensado subir las fotos de varios muebles hechos en estos días, incluyendo la cama entera, pero por ahora sólo subo este rinconcito, que se está volviendo uno de mis favoritos de este nuevo lugar habitado, y con la mejor compañía, claro.

